viernes, 18 de julio de 2014

UNA PIEDRA GRABADA DE ESTILO ZAPOTECO EN EL TEMPLO CATÓLICO DE SANTA MARÍA ATZOMPA

Santa María Atzompa, cabecera del municipio del mismo nombre, está enclavada en el extremo sur del Valle de Etla, a escasos seis kilómetros al noroeste de la ciudad de Oaxaca. Su privilegiada ubicación geográfica, rodeada por los ríos Atoyac y uno de sus afluentes conocido como Río Chiquito, le ha convertido en un área preferencial para el asentamiento de grupos humanos desde hace más de tres mil años. La secuencia ocupacional en el territorio atzompeño ha sido constante y se remonta hasta la fase Tierras Largas (1400-1200 a.C.) cuando se estableció la aldea más antigua conocida en esta área del valle. Diversas exploraciones arqueológicas han documentado parte de esa secuencia, estudiando y exponiendo los restos materiales dejados por cada asentamiento, destacando la imponente zona monumental del periodo Clásico establecida en la cima del Cerro del Mogote.
     Sin embargo, no todos los vestigios arqueológicos conocidos en Atzompa provienen de investigaciones sistemáticas, sino que algunos han sido removidos de su lugar de origen por una serie de razones cuya validez no es mi intención discutir en este trabajo. En este texto sólo pretendo reportar la existencia de un monolito grabado que recientemente ha sido hallado en el centro del pueblo. La relevancia de este monolito se debe a que, pese a haber sido sede de uno de los asentamientos zapotecas más grandes durante el Clásico, Atzompa muestra una notable carencia de piedras grabadas. El estudio pormenorizado de esta piedra está aún en proceso y el presente artículo sólo muestra los avances realizados hasta el momento.
El descubrimiento de la piedra
A mediados de marzo del 2013, el Dr. Stephen Whittington, director del Museum of Anthropology de la Wake Forrest University, llamó mi atención hacia un bloque pétreo localizado al interior del templo de la Virgen de la Asunción, principal edificio católico en Santa María Atzompa. Según me advirtió, dicho bloque presentaba al menos una superficie grabada, presumiblemente con motivos de origen prehispánico, por lo que decidí asistir a confirmar su apreciación. En efecto, se trata de un bloque cúbico bastante bien careado en cada una de sus superficies, una de las cuales muestra un estilizado personaje en alto relieve. Actualmente este bloque es utilizado como base semi-móvil de un estandarte dedicado a la Santa Cruz. Permanece apoyado hacia el muro norte del templo, bastante próximo al altar mayor.
     Según testimonios recopilados entre parroquianos asiduos, este bloque ha permanecido en el mismo lugar desde la reinauguración del edificio en 1958. Si bien el bloque es muy conocido por los feligreses más constantes, son pocas las personas que conocen el grabado pues, por disposición de las autoridades eclesiásticas, se mantiene volteado contra la pared a fin de que la imagen no sea visible para la concurrencia general. Fue un verdadero golpe de Suerte que el Dr. Whittington hubiera podido ver−y fotografiar−la piedra durante su vista al templo. Aparentemente había sido movida momentáneamente para facilitar la limpieza periódica del recinto.
     Después de solicitar y obtener el permiso correspondiente por parte del párroco Jesús Castellanos Medina, a quien agradezco enormemente su buena voluntad y amabilidad, los integrantes de la Junta Vecinal 2013 hicieron el favor de mover la piedra a fin de apreciar, sólo por breves minutos, el grabado en cuestión. La piedra es bastante pesada y voluminosa por lo que es necesaria la fuerza de tres hombres para cargarla. Sin embargo, en mi visita fue deslizada por una sola persona. Debido a las ocupaciones propias de la gente de la Junta Vecinal sólo se me autorizó darle un breve vistazo y tomar algunas fotografías. No hubo suficiente tiempo para realizar un dibujo detallado así que tomé apuntes de los elementos gráficos que componen el grabado y completé una reproducción, lo más fiel posible, combinando mis datos con las fotografías.
     Durante, y después de revisar la piedra, entrevisté a varias personas que pudieran conocer la procedencia del monolito, pero nadie parece saberlo. Simplemente la recuerdan como un elemento funcional más del templo pues “soporta y estabiliza muy bien el estandarte” y poco interés les genera el origen prehispánico de su grabado.
     Es necesario aclarar que la piedra está segura al interior del templo, pues además de lo pesada que es, la gente no suele tocarla por ser una extensión de la divinidad que supone el estandarte que sostiene y dudosamente alguien pensaría en sustraerla. Sin embargo, su integridad sí está en riesgo, pues cada vez que la mueven o deslizan sufre un proceso de desgaste que, aunque lento, es irreversible. Además, existe la posibilidad de que al cargarla sin las precauciones adecuadas caiga al suelo y se fracture.
     Después de haber reconocido la importancia de este monolito como vestigio arqueológico, busqué evidencias de otras piedras grabadas en el templo, tanto al interior como al exterior, pero el resultado fue negativo. No parecen existir otros ejemplos, o al menos no son visibles. Cabe destacar que el templo está construido con sólidos muros de piedra, en los que podría haber ocultos otros monolitos con inscripciones, pero se trata de una versión reciente que data apenas de mediados del siglo XX. Este templo vino a sustituir al original cuyos muros eran de adobe y que se colapsaron como consecuencia del terrible terremoto que azotó el Valle de Oaxaca en 1931. Es posible que la piedra utilizada en la construcción del edificio actual proviniera de canteras locales, quizá en las proximidades de la zona arqueológica monumental y que, con ellas, haya venido el monolito grabado. 

Descripción de la piedra
Se trata de un bloque más o menos rectangular de piedra vesicular gris clara, posiblemente un basalto de grano fino. Mide aproximadamente 50 cm de alto, 44 cm de ancho y 32 cm de espesor. Cuatro de sus seis superficies (ambas laterales, posterior y base) están bastante bien recortadas y careadas, aunque con algunas desportilladuras, principalmente en las esquinas inferiores. La superficie superior es más angosta que el resto debido a un profundo bisel de 6 cm de ancho excavado en la unión de las superficies laterales con la superficie posterior. Al centro tiene una oquedad rectangular de 8 x 11 cm en la que actualmente se empotra el estandarte católico mencionado; es posible que esta oquedad sea de manufactura reciente y haya sido hecha mediante el uso de instrumentos metálicos pues sus bordes están muy bien acabados. Por su parte, la superficie frontal es la más ancha y erosionada de todas, particularmente hacia la esquina superior derecha (izquierda del lector). La regularidad del tallado de todas las superficies sugiere que la piedra está casi completa y que los fragmentos faltantes no alteran severamente sus dimensiones originales. No obstante, es posible que esta piedra haya sido la parte superior de un diseño más grande, quizá un elaborado programa narrativo compuesto por al menos un par de bloques encimados a manera de pilastras o dispuestos como paneles
     El grabado ocupa la totalidad de la superficie frontal, excepto en algunas porciones en donde la piedra está seriamente dañada. Corresponde a la representación de un individuo antropomorfo con la cabeza y los brazos vistos de perfil, mientras que el torso parece estar indicado de manera frontal. Las extremidades inferiores no parecen estar representadas, quizá porque el bloque conformaba parte de un complejo narrativo de mayores dimensiones cuya integridad se perdió al removerlo de su contexto original. Es posible que las piernas hayan estado representadas en un bloque colocado por debajo del aquí descrito.
     El rostro del personaje está muy erosionado por lo que es difícil distinguir sus rasgos; sin embargo, sí es perceptible la forma general de la cabeza. Lamentablemente, la falta de nitidez en los rasgos impide saber si se trata de un individuo femenino o masculino, joven o entrado en años.
     Por el contrario, sí es posible reconocer los diversos elementos que conforman su atuendo: porta un amplio tocado de varios niveles, posiblemente un enredo de tela, anudado y terminado en la parte posterior en un par de bandas colgantes. Es posible que el enredo haya estado tocado con plumas y otros elementos, pero la piedra está muy erosionada justo en la porción en donde deberían estar ilustrados. No obstante, los personajes que sólo usan cascos ceñidos, cintas o el cabello amarrado, no están ausentes de la gráfica zapoteca, y al contrario, son relativamente abundantes entre las figurillas compuestas del Clásico Tardío.
     También tiene una enorme orejera circular atravesada por una cuenta tubular con apéndices abultados que, pese a su tamaño, permite ver el área superior de una oreja esquematizada. Frente a la cara, hacia la orilla de la piedra, es visible un ligero abultamiento curvilíneo que bien podría indicar una voluta del habla. Tiene el torso cubierto con un amplio collar de tres vueltas o hilos; del hilo inferior pende un cuarto hilo de cuentas cuadrangulares y semi circulares. La forma del collar recuerda vagamente algunos de los petos recuperados en la tumba 7 de Monte Albán que según Alfonso Caso  estaban elaborados con placas de oro, concha y azabache, y que corresponden a los cozcapetlatl chalchiuhcozcapetlatl que traduce como “collar en forma de estera” y “collar de jades en forma de estera” respectivamente.
     Debajo del collar parece vestir una pechera, posiblemente de tela o cuero, con un amplio apéndice que cae sobre el abdomen. Decorando este apéndice hay un cartucho sobre una barra horizontal, posible alusión a un numeral 6, quizá un complemento indicativo del nombre calendárico del personaje representado. A excepción de este posible numeral no se conservan evidencias que permitan inferir el nombre del personaje representado.
     Tiene ambos brazos indicados. El brazo izquierdo (lado derecho del lector) está flexionado con el codo hacia afuera y la mano, cubierta por un elemento circular, no es visible. Una línea sobre el antebrazo hace pensar que el personaje usaba como protección un grueso brazalete. El objeto circular que cubre la mano está ligeramente ahuecado y decorado con otros dos elementos circulares al interior. No es posible asegurar la función de este elemento pero, tomando en cuenta la posición en que fue representado el personaje, quizá se trate de un escudo o rodela. El brazo derecho también está flexionado pero debajo del torso, por lo que sólo son visibles el antebrazo y la mano. La mano está extendida, con los dedos contraídos, aparentemente sujetando la parte superior de una bolsa de copal. Una delgada banda, a manera de muñequera, indica el límite entre el antebrazo y la mano.
     La bolsa de copal es un elemento constante en la iconografía zapoteca, principalmente del periodo Clásico. Lo mismo aparece representado en vasijas efigie que en pintura mural, piedras grabadas e. incluso, en figurillas de barro. Parece haber sido parte del ajuar de los sacerdotes y algunos guerreros encargados de eventos rituales. Es posible, entonces, que este monolito haya sido parte de una escena ritual y que el personaje tenía un papel preponderante en ella. 

Procedencia y temporalidad tentativa
Sin más bases que el estilo, y a pesar del mal estado de preservación, considero que los elementos representados en la piedra son zapotecas y corresponden al periodo Clásico (350-850 d.C.) aunque, por el momento, me es imposible precisar la fase específica la forma del grabado y la presencia del numeral representado por barra y punto así lo hacen suponer. Sin embargo, hacen falta más estudios comparativos de esta piedra con el resto del corpus zapoteco conocido a fin de asignarle temporalidad definitiva.
     Es posible que la piedra haya sido localizada en el Cerro del Mogote, principal prominencia orográfica de Atzompa, cuya cima dista 3 km del templo, en donde se asentó una imponente ciudad a finales del Periodo Clásico. En el caso de haber formado parte de un complejo programa narrativo debió estar integrado en algún basamento de gran tamaño, quizá emulando programas similares que durante el Clásico Temprano decoraron la Plataforma Sur de Monte Albán. De ser así, existe la posibilidad de encontrar el resto del programa en las exploraciones sistemáticas que el personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia lleva a cabo en la zona monumental del Cerro del Mogote desde el año 2007.
     También existe la posibilidad de que el bloque haya sido encontrado en el centro del pueblo, donde existieron diversos asentamientos a lo largo del tiempo. El peso de del monolito podría ser un buen argumento a favor de esta hipótesis pues, aunque los hombres atzompeños son bastante fuertes, habría sido muy complicada desplazarla desde la zona monumental hasta el pueblo sin la ayuda de vehículos motorizados.  
     Es sumamente desconcertante el hecho de que la zona arqueológica de Atzompa presente una notoria escasez de piedras grabadas y lápidas conmemorativas que sí son abundantes en otros sitios arqueológicos del Clásico, como Macuilxóchitl, Zaachila, Cerro de la Campana y Monte Albán. Hasta el momento sólo se conoce una piedra grabada recuperada directamente del conjunto Monumental de Atzompa. Se trata de un disco de basalto, profusamente labrado, recuperado en el Juego de Pelota 3 y exhibido actualmente en el museo comunitario local. Existe otra piedra grabada cuya recuperación se atribuye a Atzompa, sin especificar la procedencia, y que actualmente se encuentra en una colección privada. Dicha piedra parece representar una genealogía local, lo que la hace diferir notablemente del disco ya mencionado cuya función estaba directamente asociada al juego de pelota. Urcid y Winter sugieren que la lápida pudo ser grabada en algún lugar del norte del Valle de Etla a petición de gente de Atzompa, por lo que bien podría haber sido recuperada en la zona monumental. 
     La aparición de la piedra aquí reportada, además de incrementar el limitado corpus de piedras grabadas documentadas en Atzompa, viene a reavivar la esperanza de encontrar otras más, posiblemente en las exploraciones sistemáticas de la zona monumental, entre los muros del templo católico o, incluso, en colecciones privadas de los ciudadanos atzompeños que aún no las han reportado. De cualquier manera se abre otra línea de investigación que llevará a mejorar la comprensión de los antiguos zapotecos que habitaron Atzompa. 

Para leer más: López Zárate, José Leonardo (2014) "Reporte de una piedra grabada de estilo zapoteco en el Templo Católico de Santa María Atzompa, Oaxaca". En Ramírez Gasga, Eva Elena (compiladora), Entre el pasado y el presente. Una cultura que florece (pp. 173-183). Oaxaca, UNISTMO.

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